Por Sputnik Mundo

Israel bate récords en el consumo de cannabis. Así lo demuestran los datos de un estudio presentados en la Conferencia de Salud pública de la Universidad de Haifa política sanitaria cuyo objetivo es frenar los contagios de COVID-19, pero que, al parecer, exacerba otro tipo de situaciones.

“Compré por primera vez en mi vida marihuana durante este tercer confinamiento. Si bien he fumado a lo largo de los años, pero con amigos, en casa de otros, o porque otros compraban, pero nunca había tenido en casa hasta ahora. En los últimos tiempos sentí que era algo que me podría ayudar a digerir el día”, compartió a Sputnik Alma G., traductora de 48 años de Tel Aviv.

Según los datos presentados esta semana en la Conferencia de Salud Pública los consumidores habituales u ocasionales de cannabis y tabaco israelíes han aumentado el consumo de ambos durante los últimos seis meses.

Asimismo, el estudio muestra una preocupante disminución general de la calidad de vida y un aumento de la ansiedad.

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Engordando y fumando

De los 2.580 encuestados para el trabajo de investigación llevado a cabo por la profesora Lital Keinan Boker, directora del Centro Nacional para el Control de Enfermedades del Ministerio de Sanidad e investigadora principal de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Haifa, un 28,6% de los participantes dijo haber aumentado de peso durante los encierros. Y otro alarmante casi 29% decía que su consumo de tabaco había aumentado significativamente.

En otro estudio presentado en el Congreso, la investigadora Sharon Sznitman, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Haifa, encontró números más altos en las tasas de consumo de cannabis entre los fumadores frecuentes, señaló un aumento del 35% desde que comenzó la pandemia.

Esta investigación, realizada por la doctora Sznitman y el doctor Dennis Rosenberg, junto con la revista independiente Cannabis, consultó a 755 consumidores habituales de cannabis (consumidores que fuman al menos una vez al mes) mayores de 18 años.

Israel, que tiene una de las tasas más altas de fumadores habituales de cannabis en el mundo, aproximadamente un 27% de la población de entre 18 y 65 años consume (seguido por Islandia, con un 18% y EEUU con un 16%), ha visto una ola de arrestos relacionados con el cannabis desde que comenzó la pandemia; incluso después de que el ministro de Seguridad Pública, Amir Ohana, anunciara la cancelación de los cargos penales para consumo personal.

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Además, en los últimos meses el parlamento israelí había comenzado a trabajar en la creación de un marco regulatorio para un mercado de cannabis recreativo legalizado, sin embargo se detuvieron las deliberaciones por las continuas crisis de gobierno.

Y es que el país tiene una política errática con respecto a esta sustancia: por un lado, el Ministerio de Sanidad invierte unos 2.440.000 dólares anuales en investigación en la industria del cannabis, por el otro el consumo privado está penado con multas, si bien la Policía no siempre es estricta en su aplicación.

Ansiosos, deprimidos y multados

Porque la ciencia señala que el consumo de cannabis, especialmente la acción de uno de sus componentes, el cannabinoide CBD, puede ayudar a reducir la ansiedad y la depresión, muchos ven al CBD como un posible tratamiento alternativo al consumo de cannabis debido a sus propiedades ansiolíticas y su falta de efectos psicoactivos.

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Y hay quien señala que el aumento del consumo exacerbado de cannabis durante la pandemia, podría estar relacionado con el aplazamiento del plan del Ministerio de Salud para reclasificar el CBD como un aditivo alimentario, que también se detuvo debido a la disolución del Gobierno.

Si bien los países y estados de todo el mundo con industrias de cannabis recreativo legalizadas se han beneficiado económicamente enormemente desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, y algunos incluso han sido etiquetados como “negocios esenciales”, la disolución temprana del gobierno de Israel ha retrasado la legalización del cannabis, al menos por el momento, enterrando cualquier posibilidad de capitalizar el aumento de su consumo, o incluso de minimizar las consecuencias punitivas que pueden sufrir los ciudadanos después de un aumento tan pronunciado del consumo generalizado.

Kobi T., un fotógrafo de Tel Aviv, contó que de 5 gramos de marihuana que solía consumir en unas dos semanas, ha pasado a comprar el doble: “Lo siento principalmente en el bolsillo, no es nada barato, pero en Israel tampoco el alcohol ni el tabaco son baratos, es más, son carísimos. Y, sinceramente, prefiero pagar lo que pago a mi dealer y relajarme así que consumiendo pastillas”.

La encuesta reveló también que desde que se instauró la presente crisis, los encuestados muestran que tienen dificultades para dormir, en más de un 21%, y que casi un 13% vivió con sensación de ansiedad durante el segundo encierro, aumentando en más de un 5% con la provocada por el primer encierro.

Veremos qué datos arrojan este tercer encierro en el que está sumergido el país en estos días, que debía durar dos semanas, pero ya se anuncia más largo de lo previsto.

 

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