Por Brandon Kim

En los clubes nocturnos de Boston y los bares de Dallas, el MDMA -conocido popularmente como Éxtasis- se había convertido en una droga recreativa enormemente popular.

Pero también aterrorizaba a la administración Reagan, que estaba en medio de su histórica Guerra contra las Drogas, por lo que ordenó a la DEA (Drug Enforcement Administration) actuar rápidamente. 

¿Drogas inútiles?

A pesar de las protestas de los profesionales médicos que señalaron la amplia variedad de usos clínicos, el MDMA fue clasificado como droga de Lista 1, una de las muchas que se prohibieron en una violenta reacción política contra los psicodélicos como el LSD y la psilocibina.

El mensaje era claro. Las drogas eran peligrosas, inmorales y médicamente inútiles.

Casi cuatro décadas después, los investigadores del Stanford’s Wu Tsai Neurosciences Institute se han posicionado como un cambio sísmico que ha vuelto a poner de relieve un tema que durante muchas décadas ha sido tabú.

Los primeros ensayos clínicos sugieren que la MDMA puede ser de ayuda en el tratamiento de pacientes con TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) a confrontar sus recuerdos.

Otros estudios preliminares, han demostrado que la ketamina reduce los pensamientos suicidas y otros síntomas habituales en pacientes con depresión clínica.

La psilocibina también es efectiva en tratar personas con depresiones mayores resistentes a otros tratamientos, disminuyendo los síntomas por largos periodos de tiempo.

Y así, muchos otros estudios y ensayos están en curso en este mismo instante.

¿Una «nueva» revolución psicodélica?

Este nuevo giro hacia las drogas psicodélicas ha sido descrito por algunos como una «revolución psicodélica» en psiquiatría, una «cura milagrosa» para los trastornos de salud mental en general.

Pero muchos de los mecanismos básicos de estos medicamentos siguen sin ser comprendidos ya que se trata de un campo de la medicina que apenas ha comenzado a recuperarse de décadas de estigmatización impuesta a la fuerza.

Robert Malenka, profeso Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en Stanford y Subdirector del Instituto de Neurociencias Wu Tsai señala:

Hay muchas preguntas que necesitan respuesta. Todavía estamos enfocados en obtener evidencia de que si estos medicamentos son terapéuticamente útiles, y si lo son, cuál es la mejor forma de utilizarlos.

Pero para resucitar este campo de estudio a la actualidad, los investigadores psicodélicos están volviendo a lo básico trabajando para desentrañar los mecanismos detrás de las propiedades de estas drogas, desde sus efectos terapéuticos hasta su potencial de abuso.

Al comprender cómo funcionan, los investigadores esperan diseñar mejores tratamientos que sean más seguros para obtener todos los beneficios de los psicodélicos sin sus posibles inconvenientes.

El salvaje mundo de los psicodélicos

Los colores distorsionados y las imágenes fractales son características familiares de consumir los denominados psicodélicos «clásicos», incluidos el LSD y la psilocibina.

Pero la nueva «revolución psicodélica» en realidad involucra a diversas familias de drogas.

El MDMA por ejemplo y la ketamina no serían considerados dentro de esta categoría de psicodélicos clásicos.

El MDMA es considerado un entactógeno como parte de un grupo de compuestos que alteran las percepciones sociales y amplifican la empatía.

Por su parte, la ketamina es un ejemplo de anestésico disociativo, que distorsiona la experiencia ambiental de los usuarios produciendo analgesia y amnesia.

Para los investigadores, el objetivo es comprender, desde un punto de vista mecanicista, por qué algunos medicamentos funcionan para algunos trastornos y no para otros.

Aislar la efectividad de estos mecanismos farmacológicos y centrar los esfuerzos de investigación en torno a ellos para desarrollar tratamientos específicos para cada trastorno se transforma entonces en el objetivo principal.

Los científicos están comenzando a desentrañar los mecanismos cerebrales detrás de las propiedades distintivas que alteran la mente de estas diferentes familias de medicamentos, un paso crítico para convertirlos en tratamientos convencionales.

Los psicodélicos clásicos parecen funcionar uniéndose al receptor 5-HT2A de la serotonina, una de las 15 moléculas receptoras especializadas que utiliza el sistema serotoninérgico para coordinar la actividad cerebral.

Los entactógenos y los anestésicos disociativos no actúan directamente sobre este receptor, por lo que se «sienten» diferente.

La investigación sobre ellos entonces es aún más difusa, ya que los primeros estudios sobre la MDMA si han implicado una interacción general con la serotonina.

Mientras tanto, la ketamina apenas se ha relacionado ligeramente con un receptor específico en el sistema glutamatérgico del cerebro.

Carolyn Rodríguez, profesora de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, co-autora de una declaración publica en julio de 2022 de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría sobre los usos de psicodélicos en salud mental, comparte:

Necesitamos más investigación utilizando la misma rigurosidad que se aplica a muchos otros compuestos que son prometedores como tratamientos para las enfermedades mentales. Al estudiar tanto la eficacia como los mecanismos, podemos ser más precisos en el desarrollo de mejores tratamientos con menos efectos secundarios.

Rodríguez, quien lidera el Laboratorio de Terapéutica Traslacional de Stanford, está dirigiendo estudios sobre los mecanismos subyacentes a los efectos de la ketamina como un componente crucial de su trabajo como terapia potencial para el TOC.

Anteriormente, Rodríguez ya había demostrado la capacidad de la ketamina para reducir los comportamientos compulsivos característicos del TOC.

Otra pregunta clave es cómo estas drogas modifican el cerebro para producir estados mentales únicos.

Karl Deisseroth, profesor de Bioingeniería y Psiquiatría en Stanford e investigador del Instituto Médico Howard Hughes, logró relacionar estos estados disociativos del consumo de ketamina con un ritmo específico de actividad en circuitos bien definidos del cerebro de un ratón, descubriendo que podían desencadenar directamente la disociación, incluso sin ketamina.

El desarrollo de la terapia psicodélica

La terapia psicodélica no es algo tan simple como tomar LSD, ketamina o MDMA y esperar a que la depresión se desvanezca.

Se desarrolla primero en varias sesiones preparatorias, cada una dedicada a precisar cómo y cuándo entrar en la experiencia psicodélica.

Cuando llega el momento de consumir la droga, esta va generalmente acompañada de un entorno que evoca la naturaleza, con música ambiental y un antifaz.

El paciente toma la píldora, se relaja y deja que la droga actúe en su cerebro.

Por último viene el proceso de integración asistido por el terapeuta, en el que el paciente reconoce lo que ha experimentado y trata de adoptarlo en su vida.

Boris Heifets, anestesiólogo y neurocientífico del Instituto de Neurociencias Wu Tsai, quien trabajó anteriormente junto a Malenka para estudiar los mecanismos de la MDMA señala:

Es un proceso inmenso, holístico. Estas medicinas se parecen más a catalizadores que a tratamientos.

La desventaja de este enfoque holístico, según Malenka, es que la terapia psicodélica es difícil de regular ya que a menudo requiere mayor supervisión que la terapia tradicional.

Por ejemplo, debido a que las drogas psicodélicas ponen a los pacientes en un estado alterado y vulnerable de conciencia, normalmente deben estar acompañado por al menos uno y a menudo dos terapeutas.

Esto hace que la terapia psicodélica no solo sea costosa, sino también difícil de disponibilizar masivamente.

La FDA nunca ha evaluado un tratamiento que involucre tanto tratamiento farmacológico como intervención psicoterapéutica. Todo el mundo está muy interesado en ver cómo las agencias federales y los diferentes estados regulan la distribución de estas sustancias para su uso en terapias.

El tratamiento psicodélico ideal agilizaría drásticamente este proceso terapéutico, reduciendo la terapia psicodélica a nada más que una sencilla píldora segura de usar.

Es una meta tremendamente difícil y hasta ahora, elusiva.

En el centro del asunto está el «viaje psicodélico» o la experiencia aguda que altera el funcionamiento habitual del cerebro y que caracteriza a estas drogas.

Muchos investigadores piensan que el proceso de experimentar conscientemente esta experiencia está profundamente vinculado a sus propiedades terapéuticas.

Heifets comenta:

Existe la idea de que la parte terapéutica proviene del proceso de restructurar nuestra rígida forma de pensar, ya sea como un realineamiento de tus valores o un cambio de perspectiva de vida.

Un ejemplo claro se encuentra en el uso terapéutico del MDMA.

Los pacientes con TEPT generalmente experimentan una angustia intensa en respuesta a alguno de los desencadenantes relacionados con el trauma original.

Sin embargo, la acción del MDMA en el cerebro reduce las barreras de estos desencadenantes al mismo tiempo que provoca un cambio de perspectiva, uno que permite a los pacientes confrontar su trauma mientras continúan con sus vidas.

Además, la capacidad del MDMA para promover la interacción social puede ayudar fortalecer la relación de confianza entre el paciente y el terapeuta durante el tratamiento.

¿Qué pasa si eliminamos el «viaje psicodélico» de la ecuación

La pregunta sigue siendo si los beneficios clínicos de los psicodélicos siempre requieren que los pacientes pasen por estas experiencias inducidas profundas y a veces agotadoras.

Sin duda, sería mucho más simple para los investigadores y aceleraría el ritmo de progreso en el tratamiento de pacientes si los beneficios de los psicodélicos pudieran lograrse sin tener que experimentar un «viaje».

Heifets, un anestesiólogo que ha investigado el tema cuando sus pacientes son sometidos a anestesia general señala:

Lo que estamos estudiando es lo que sucedería si elimináramos todos los estímulos sensoriales externos, si nos aseguráramos de que los pacientes desconocieran los efectos del «viaje» al estar inconscientes ¿Aún sería terapéutico?

Sin embargo, lo que los investigadores han logrado visualizar hasta ahora es que no existe evidencia convincente de que estos medicamentos puedan funcionar sin el proceso holístico de preparación, «viaje» e integración.

Aún así, una solución sin «viaje» sigue siendo la ballena blanca de la medicina psicodélica.

Malenka comenta:

Estamos hablando de diseñar medicamentos que tengan la misma eficacia terapéutica, sin los posibles efectos secundarios, sin la posibilidad de que sucedan algunas cosas indeseadas. Si eso es posible, sería maravilloso.

¿Cómo entender la adicción desde la evolución?

Puede que no sea posible obtener el beneficio terapéutico de los psicodélicos sin el «viaje», pero podría ser posible obtener el «viaje» sin el riesgo de adicción.

La adicción es un problema particularmente irritante en las drogas psicodélicas no clásicas como la MDMA y la ketamina, que desencadenan una liberación de dopamina, el neurotransmisor relacionado con el comportamiento adictivo.

Para Malenka, la clave para comprender el potencial adictivo de estas drogas radica en comprender los profundos mecanismos que modifican en nuestro cerebro.

Disfrutar de socializar con otros seres humanos es un impulso central en la evolución de nuestra especie, grabado en nuestras redes neuronales más profundas por su valor fundamental en la supervivencia humana.

Malenka señala:

¿Por que el cerebro nos dice que una interacción social es gratificante? ¿Por qué para la mayoría de las personas es más divertido salir a cenar con amigos que comer solo?

La investigación del laboratorio de Malenka explora cómo estos mecanismos son secuestrados por las drogas de abuso, incluidas las potencialmente beneficiosas como el MDMA.

Estudios previos ya habían establecido que el potencial adictivo del MDMA provenía de su capacidad de estimular la liberación de dopamina, un neurotransmisor involucrado en la recompensa y la motivación que desempeña un importante papel en la mayoría de las adicciones.

En serie de estudios, Malenka y Heifets quisieron averiguar si las habilidades terapéuticas y potenciadoras de la empatía del MDMA podrían utilizar una vía cerebral diferente, haciendo posible separar los efectos positivos del riesgo de abuso.

Una de las principales posibilidades era el sistema serotoninérgico, que desempeña un papel importante en la estabilización de los sentimientos de bienestar y felicidad, la base del uso terapéutico del MDMA.

Para probar esta hipótesis, el laboratorio de Malenka bloqueó la capacidad del MDMA para liberar serotonina o dopamina selectivamente en un grupo de ratones.

Normalmente, el MDMA aumenta drásticamente los impulsos sociales de los roedores, al igual que en los humanos, pero la inhibición de la serotonina bloqueo este efecto, una fuerte evidencia de un vínculo entre este neurotransmisor y los efectos prosociales de la droga.

Por el contrario, la inhibición de la dopamina prácticamente no manifestó influencia en el grado de sociabilidad de los animales.

Malenka afirma:

Se trata de una evidencia convincente de que podría ser posible diseñar una versión de MDMA para consumo humano que eleve la sociabilidad a través del sistema serotoninérgico mientras reduce o elimina en gran medida las desventajas adictivas inherentes.

Sin embargo, esta definición que separa mecánicamente el uso terapéutico y el posible abuso podría no ser posible en todas las drogas psicodélicas.

Es difícil hacer declaraciones categóricas sobre la responsabilidad por abuso. Cada droga es diferente, así que al menos cuando se trata de adicción, hay que hablar de cada una como si fuera su propio animal.

El futuro del tratamiento psicodélico

Con el campo de los psicodélicos en auge, los investigadores continúan operando en un entorno de alto riesgo.

Por un lado, nunca ha sido un mejor momento para estudiarlos, ya que la FDA ha señalado su intención de aprobar tanto la MDMA como la psilocibina como tratamientos de salud mental en los próximos dos años.

Pero los obstáculos siguen presentes, ya que según Malenka, existe el riesgo de que la legalización médica generalizada de estas sustancias pueda conducir a un uso indebido y desenfrenado que podría amenazar el futuro de la medicina psicodélica por completo.

Tan pronto como suceda algo malo, el péndulo girará hacia el otro lado. No queremos volver a comienzos de los 70′.

Queda por ver cómo los reguladores buscaran ampliar y facilitar este potencial desde los avances de laboratorio hasta el tratamiento convencional.

Si estos medicamentos cumplen con los beneficios prometidos, una nueva era para la medicina psiquiátrica podría estar muy cerca.

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